domingo, 2 de noviembre de 2008

Así empezaba ayer un recital buenísimo... y te extrañé amiga, te extrañé cuando empezó, te extrañé cuando se escuchó "...aquel guerrillero loco..." y en otros momentos también, y te extrañé hoy cuando baje las escaleras a regarte las plantas. Y ayer, cuando me levanté, y bajé a comentar la noche anterior, y me encontré con un departamento vacío, con su quilombo habitual, la radio prendida, y vos en ningún lado. Pero por suerte, el teléfono ayuda a acortar distancias. ¡¡Te quiero pingui!! Y te estoy vigilando... ajajajja

Recuerdas los tiempos en que, viejo amigo,
ardía en tu boca la azul madrugada.
Borracha, Afrodita reía y brindaba contigo
dejando el olor de otro cuerpo en tu cama.
¿Dónde encallaron esos días?
¿En qué luminosas playas?

Huyendo de ti y de la aurora, escapaste
buscando en mil bares el abracadabra
que detiene el tiempo, pero regresaste
y te encontraste a ti mismo esperándote en casa.
Y el alba sincericida
trajo su rutina y su ancla.

El amor es la piedra que Sísifo empuja.
El mundo el cascabel de un gato asustado.
Nadie nos avisó que amar es doler,
que crecer es aprender que para regresar,
y para casi todo, es tarde, y aquello que no fue
nuestro más leal amante.

Así que brindemos ahora viejo amigo:
que acabe este otoño y resuelva el misterio
del eclipse en tu pecho, que aún no nos rendimos.
De la noche aprendimos viejos sortilegios
que ayudan a conjurar
al reloj y sus espectros.

Sísifo abandona hoy su piedra en la cima
y el gato se duerme esta noche en tus brazos.
Quizás tengan razón y amar es doler
pero quién diablos quiere regresar
si lo que cuenta es aprender
que no está perdido aquello que no fue,
que no está perdido aquello que no fue.
(Ismael Serrano)